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Un implante sustituye la raíz de un diente perdido con una fijación de titanio que se integra en el hueso. Encima se coloca una corona fija, y el resultado se ve y funciona como un diente propio.
La intervención se hace con anestesia local y no es dolorosa. Las molestias posteriores suelen ser leves y se controlan con la pauta que te damos.
Con buena higiene y revisiones periódicas, un implante suele durar de unos 20 a 25 años, y a menudo más. Nosotros ofrecemos en todos los casos un mínimo de 10 años. El mantenimiento es la clave, y te lo explicamos en la propia consulta.
Cada caso es diferente. En la primera visita valoramos el tuyo y te damos un plan por escrito con su presupuesto, sin compromiso.